
A veces me pregunto cómo nos verán las generaciones venideras sobre sus libros de historia universal.
Si nosotros mismos llegamos a considerarnos destructores, ¿qué podrán pensar ellos?
Corren tiempos en los que el ser humano, es el arma de destrucción masiva más letal que se conoce.
Junto a sus pequeños vasallos aniquiladores se pasea por el mundo arrasando todo a su paso, sin importarle las cosecuencias de sus actos. Ya no buscamos la gloria de una batalla ganada, ni la caída de un imperio; buscamos su más absoluta extinción.
¿Dónde quedaron aquellas grandes batallas a caballo por riñas ancestrales?
Ahora nos plantamos en dicho imperio con cuatro tanques y carbonizamos habitantes y edificios apretando un botón, un mísero botón. ¿Es esa toda la consideración que se merece el resto de seres humanos?
Ellos ni siquiera han elegido participar en esa guerra, ya no hay bandos, la gente está harta.
El siglo XXI se resumen en tres adjetivos: caos, envidia y destrucción.

